No es una casualidad ni un nombre bonito. Es una forma concreta de entender qué separa a una empresa que cumple de una que compite de verdad.
“El 7º Grado lo alcanzan los que, además de escalar muy a menudo, también poseen la chispa del genio.”Reinhold Messner, Séptimo Grado (1982)
En 1982, el alpinista Reinhold Messner escribió que el sexto grado de dificultad —durante décadas el techo teórico de la escalada— se había vuelto alcanzable para cualquiera dispuesto a entrenar lo suficiente. Lo que distinguía a los mejores ya no era llegar hasta ahí, sino lo que hacían después: el séptimo grado, reservado a quienes además de esfuerzo tenían algo más difícil de enseñar.
Grado 7 nace de esa idea aplicada a las organizaciones: cumplir la norma, tener procesos ordenados, es el sexto grado — necesario, pero cada vez más común. El séptimo grado es lo que una empresa hace con ese cumplimiento una vez conseguido.
El mismo método se repite en cada servicio, adaptado a lo que haga falta subir en cada caso.
Antes de proponer nada, entendemos dónde está la empresa hoy. Sin esto, cualquier presupuesto sería una adivinanza.
Buena parte del trabajo ocurre donde la empresa realmente opera, no en una sala de reuniones aislada.
El objetivo final nunca es que la empresa dependa de Grado 7 para siempre, sino lo contrario.
Metalmalla es el caso documentado en profundidad. Puedes ver el detalle completo en la sección de casos de la Home.
Fabricante líder de mallas metálicas en Barcelona, en activo desde 2005. Grado 7 acompañó su proceso de adaptación a la Industria 4.0, documentado en Grado7 TV.
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